“No Government can be long secure without a formidable Opposition”. La frase de Benjamin Disraeli, eterno rival de William Gladstone y uno de los constructores, junto con este último, del prolongado y estable bipartidismo whig-torie británico, adquiere imponente actualidad con motivo de las elecciones en Gran Bretaña, pasado mañana. Un descendiente de Disraeli podría ser el primer gobernante británico en enfrentarse a una doble oposición parlamentaria.
El historiador británico Simon Schama, en The New Yorker, y el ensayista mexicano Jesús Silva-Herzog Márquez, en el periódico Reforma, lo han pronosticado con elocuencia: las elecciones de este jueves podrían dar el triunfo al conservador David Cameron, poniendo fin a trece años de laborismo y, lo que es más importante, podrían romper el secular equilibrio bipartidista del sistema político inglés.
Si, como temen los propios laboristas, el Partido Liberaldemócrata, audazmente encabezado por Nick Clegg, duplica o triplica su actual representación en el Parlamento, la democracia británica dejará de ser bipartidista. El cambio de esa institucionalidad histórica, tan arraigada a las tradiciones culturales y políticas británicas, podría producirse con toda naturalidad, en unas simples elecciones parlamentarias.
Además de contradecir, una vez más, ese tópico de las ultraizquierdas de que "todas las democracias representativas son iguales", estas elecciones podrían reforzar los argumentos de quienes piensan que los sistemas parlamentarios son más perfectibles que los presidenciales. Tan sólo habría que recordar, como contraejemplo, que, en Estados Unidos, el magnate Ross Perot, con dos campañas presidenciales exitosas, fue incapaz de quebrar el bipartidismo norteamericano.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



8 comentarios: