Comentábamos en el post anterior que la fórmula autoritaria de sexenio más reelección, introducida en la Rusia de Putin, fue ideada por Porfirio Díaz, en México, en los últimos años de su larga dictadura (1876-1910). Díaz y sus defensores intelectuales argumentaban que cuatro años era un periodo demasiado corto para llevar adelante políticas públicas eficaces. Lo curioso es que al aumentar en dos años el tiempo de gobierno y agregarle la reelección, que en el caso de Díaz era indefinida, se lograba, en dos periodos, el equivalente de tres cuatrienios, es decir, doce años.
Tal vez sea más que una curiosidad histórica, el hecho de que aquella fórmula ideada hace cien años en México reaparezca en Rusia a principios del siglo XXI. Rusia y México produjeron las dos grandes revoluciones de la primera mitad del siglo XX. La rusa desembocó en un régimen político totalitario, de partido comunista único, ideología marxista-leninista, economía de Estado y control de la sociedad civil. La mexicana, en un régimen autoritario de partido hegemónico, oposición limitada, ideología nacionalista revolucionaria y relativas libertades públicas.
Ambos países comparten, hoy, la modalidad del sexenio presidencial: en México sin reelección y en Rusia con derecho a una reelección consecutiva. La propuesta de reforma política presentada recientemente por el presidente mexicano Felipe Calderón, y respaldada por un grupo importante de intelectuales, empresarios y políticos del país, incluye la introducción de la reelección para alcaldes y legisladores. La no reelección presidencial, sin embargo, creada por la Constitución mexicana de 1917, como antídoto jurídico de la dictadura personal, sigue generando consenso en México.
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