Calvert Casey es uno de los buenos escritores cubanos peor publicados. Habanero nacido en Baltimore, en 1924, y muerto en Roma, en 1969, Casey fue un narrador y ensayista de rara modernidad en las letras cubanas. Homosexual, laico y suicida, lector de pornógrafos y psicoanalistas, de existencialistas y budistas, de José Martí y de Franz Kafka, de Virgilio Piñera y D.H. Lawrence, Casey dejó un puñado de cuentos y ensayos instalados para siempre en la mejor vanguardia literaria latinoamericana de mediados del siglo XX.
El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de México (CONACULTA), ha reunido en un volumen los mejores cuentos de Casey y, lamentablemente, sólo seis ensayos. Entre estos últimos, algunos de los más conocidos, los “Diálogos de vida y muerte”, el “Kafka”, el “Miller”, las “Notas sobre pornografía” y “Memorias de una isla”. Incluye el volumen el raro texto “El centinela en el Cristo”, una premonitoria reflexión de Casey sobre la religiosidad política de la Revolución, pensada a la sombra del Cristo de la Habana, a unos metros de la Cabaña y el Che Guevara.
Entre los más de quince relatos, los mejores de Casey: “El regreso”, “El paseo”, “El amorcito”, “Mi tía Leocadia, el amor y el Paleolítico inferior”, “La dicha”, “La ejecución” o “Notas de un simulador”. El volumen ha sido pertinentemente titulado Cuentos casi completos (México D.F., CONACULTA, 2009), no sólo porque en él no están recogidos todos los relatos escritos por Casey sino porque en Casey había noción trunca o inconclusa de la literatura y de la vida.
El prólogo de Florence Olivier es uno de los mejores estudios de la obra de Casey que se han escrito hasta ahora. Un estudio con conocimiento de esa obra y, también, con la imaginación que se requiere para abordar a un autor tan espectral como Casey. Las principales obsesiones de Casey –el sexo, la muerte, el absurdo, la burguesía, la religión, el tiempo, la obra, el desamparo- están glosadas en ese prólogo, del que reproduzco sólo el último párrafo, impregnado del tono herético y, a la vez, devoto de la prosa del autor de “Piazza Morgana”
“Si en los cuentos de Casey los juegos de la ficción y del simulacro formulan conjuros que logran exorcizar lo absurdo de la muerte, la culpa, la definición sexual, la ilusión del presente como eternidad, en la vida real no hubo conjuro suficiente para proteger al amoroso viandante de la tentación suicida. “Piazza Morgana”, su último texto conocido, aborda la separación de los amantes con una audacísima variación del tema de la identificación con el otro. La ironía que encierra el rítmico relato de este viaje devorador por las suculentas entrañas del objeto del deseo celebra por fin, espantada toda culpa, la embriaguez erótica. Hasta la comunión en la muerte. Ya no hay simulacro que valga, ni nada ni nadie a quien imitar. “Yo” es el otro, la otra, la letra. Amén”.
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