martes 26 de enero de 2010
La pregunta de Antoine Compagnon
Hace algunos años el estudioso Antoine Compagnon, profesor de de las universidades de Columbia y la Sorbona, cuya primera carrera fue la ingeniería de caminos, pronunció en el Collège de France una conferencia con el título de “¿Para qué sirve la literatura?”. Luego aquella charla fue recogida en un volumen de la editorial Acantilado, traducida por Manuel Arranz.
El breve texto de Compagnon comienza documentando un lugar común: cada generación literaria se pregunta qué es la literatura y para qué sirve. En la Francia del siglo XX, por ejemplo, se hicieron la misma pregunta Proust, Valéry, Gide, Sartre, Blanchot, Foucault y Barthes. La interrogación de Compagnon tiene, entonces, la ventaja del tiempo: él no sólo puede dar una respuesta sino que puede proponer la arqueología de una pregunta.
Compagnon reconstruye, en la historia del pensamiento occidental, tres explicaciones de los poderes de la literatura: 1) la literatura, por medio de la mímesis, educa moralmente; 2) redime o libera a las personas de autoridades reales o imaginarias; 3) suple los defectos del lenguaje. A esos tres poderes –es raro que no mencionara Compagnon el dotar de identidad a las comunidades, ya que buena parte de la literatura ha sido escrita en nombre de los nacionalismos- agrega un cuarto: “matar el tiempo”.
“Negar a la literatura cualquier otro poder que no fuera el de la distracción ha podido motivar la degradada noción de la lectura como simple placer lúdico, noción que se ha extendido a la escuela de finales de siglo; pero, sobre todo: entendiendo el más mínimo uso de la literatura como una traición, era necesario que en adelante se enseñara, no ya a confiar en ella, sino a desconfiar, como si se tratara de una trampa”.
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